Esta es la receta definitiva para preparar un bizcocho rumano increíblemente esponjoso y húmedo, perfecto para cualquier ocasión. El secreto está en una técnica sencilla pero poco conocida: la emulsión de yemas con aceite y el uso de almidón, que ayuda a mantener la humedad y evita que el bizcocho quede seco.
Precalienta el horno a 180°C (calor arriba y abajo, sin ventilador) y forra un molde de bizcocho con papel de hornear. Separa las claras de las yemas con cuidado.
2. La emulsión de yemas (clave del éxito)
Mezcla las yemas con la sal, la vainilla y la ralladura de cítricos. Añade el aceite poco a poco, en forma de hilo, como si hicieras mayonesa, batiendo continuamente. Obtendrás una crema espesa y aireada.
Bate las claras a punto de nieve en un bol limpio. Añade el azúcar en varias tandas hasta conseguir un merengue firme y brillante que no se caiga del bol.
Incorpora suavemente la crema de yemas al merengue, con movimientos envolventes. Tamiza la harina junto con el almidón y añádelos en varias partes, mezclando con cuidado para no perder el aire.
Vierte tres cuartos de la masa en el molde. Mezcla el cacao con el resto de la masa y añádelo por encima. Con un tenedor, haz ligeros movimientos para crear el efecto marmolado.
Hornea durante 35-40 minutos, sin abrir el horno en los primeros 25 minutos.
Haz la prueba del palillo: debe salir limpio. Deja enfriar completamente antes de cortar, para evitar que el bizcocho se baje. El resultado es un bizcocho suave, húmedo y lleno de sabor, ideal para disfrutar con un café o en familia. Recomendado usar cacao puro, que puedes encontrar en cualquier tienda de productos rumanos de tu ciudad.